Hoy quiero hablarte de la intención que hay en cada una de las expectativa que nos generamos en la vida y cómo esto puede tener un resultado muy distinto en base a una interpretación u otra.

Me explicaré…

La mayoría de las veces, cuando hacemos o esperamos algo en la vida, ponemos el foco en el resultado, o lo que es lo mismo, en las expectativas que previamente nos hemos generado sobre ello.

¿Qué ocurre?

Que son muy pocas las ocasiones en las que esas expectativas se cumplen, y como no han tenido el resultado que nosotros habíamos deseado nos frustramos, sentimos estrés e incluso ansiedad.

De todo esto es de lo que te hablo en el siguiente vídeo, pulsa play y descubre por qué debes dejar de fijarte en las expectativas y comenzar a poner énfasis en la intención con la que te enfrentas a cualquier situación.

Si lo prefieres, o ahora no tienes tiempo de ver el vídeo, puedes seguir leyendo el artículo donde tendrás un pequeño resumen de lo que te muestro en el vídeo.

Para demostrarte esto que te acabo de decir, voy a ponerte algunos ejemplos basados en estudios psicológicos que concluyen que hay determinados comportamientos en el ser humano, como son las expectativas, que se generan de forma automática. 

Por el simple hecho de interpretar un estímulo o información de una manera u otra. 

El experimento del helado de salmón

Un estudio publicado en Food Quality and Preference probó el papel de las expectativas en el sabor usando para ello un helado con sabor a salmón ahumado.

Los psicólogos de este experimento introdujeron en una heladería un helado al que colocaron la etiqueta de «helado de salmón». El nombre genero mucho interés y la gente comenzó a pedirlo pero, los investigadores descubrieron que cuando la gente leía la etiqueta «helado», no les gustaba porque lo encontraban muy salado y lo desechaban.

Cuando lo etiquetaron como «mousse salado congelado», a la gente le gustó más porque no esperaban la dulzura habitual del helado

Tras este hecho, los experto sustituyeron el cartel por otro que decía «mouse congelada de salmón salado». Este simple cambio en el nombre hizo que todos los que lo pedían asegurasen que estaba delicioso porque no esperaban la dulzura habitual del helado.

Este experimento, junto a otro más que te cuento en el vídeo (tendrás que verlo para descubrirlo), ​pone de manifiesto que el interpretar una situación de una u otra manera, en este caso, leer un cartel u otro, genera unas expectativas totalmente diferentes y, por tanto, un resultado totalmente distinto: «está demasiado salado» o «está delicioso».

Pon el foco en la intención y no en las expectativas

La mayoría de personas viven centradas en su día a día en las expectativas que ponen en cada situación a la que se enfrentan. Una expectativas que se centran en «qué puede pasar», «qué va a suceder», «quiero que sea así», etc… 

Eso, si el resultado final no es el que esperábamos (que habitualmente suele ser así), genera una ansiedad y un estrés que afecta directamente a nuestra personalidad y autoestima, incluso.

Sin embargo, si quitamos el foco de las expectativas y lo ponemos en la intención de por qué hacemos algo, todo fluirá mucho mejor y el resultado, en la mayoría de ocasiones, será incluso mayor del esperado.

Sobre todo si la intención que ponemos es una intención positiva.

Por eso, para concluir, te invito a que a partir de ahora dejes de centrarte en las expectativa y en los resultados y comiences a hacerlo en la intención -positiva- que le pones a cada cosa que haces.

Ya verás cómo los resultados son incluso mejor de los que esperabas.